50 años. Ese es el tiempo que ha transcurrido desde que se celebró el primer Congreso Mundial Gitano de Londres, aquel en el que se institucionalizó la bandera gitana, con una franja azul arriba y otra verde abajo, y con la  rueda del carro, roja, en medio. Y  se adoptó como himno internacional de nuestro pueblo gitano el “Gelem, Gelem”.

50 años en los que hemos recordado, o mejor aún, en los que no hemos permitido que el olvido enterrase definitivamente a todos los gitanos y gitanas que han sufrido el odio simplemente por el  hecho de ser gitanos, de ser diferentes, de conservar nuestra identidad. Flores y velas en los ríos, en nuestros ríos, nos recuerdan hoy a todos ellos.

50 años en los que, en ocasiones, se ha llegado a asumir como normal un sinfín de normas y conductas antigitanas que ha ido deteriorando la imagen de nuestro pueblo y denigrando a muchos ciudadanos y ciudadanas gitanas, impidiéndoles un ejercicio pleno de su ciudadanía y el disfrute de sus derechos a todos los niveles, incluso después de la entrada en vigor de nuestra constitución de 1978.

Esa constitución  que proclama en su artículo 14 el derecho a la igualdad, y que en su artículo 9 establece  la obligación de los poderes públicos de promover las condiciones y remover los obstáculos para que la igualdad del individuo y de los grupos sean reales y efectivas, y que hace de la no discriminación un elemento fundamental en la búsqueda de la igualdad efectiva de todos los ciudadanos y ciudadanas a todos los niveles.

A nivel internacional, el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea establece  la no discriminación como uno de los valores comunes de la Unión y la lucha contra la discriminación como uno de los objetivos de la misma. Y  es precisamente el desarrollo de este principio el que da lugar  a una serie de directivas que hacen frente a la discriminación en distintos ámbitos, destacando la  Directiva 2000/43, relativa a la aplicación del principio de igualdad de trato de las personas independientemente de su origen racial o étnico.

Y es  50 años después, cuando en el Congreso de los Diputados hay  dos diputadas y un diputado gitano, y es una prima nuestra la encargada  de presentar una propuesta de Ley de igualdad de trato y no discriminación. Ojalá pronto sea aprobada esa deseada ley de igualdad, y la misma dé frutos.

El objetivo de esta Ley es establecer los principios y regular las medidas y los procedimientos para garantizar y hacer efectivos el derecho a la igualdad de trato y a la no discriminación, el respeto a la dignidad humana y la protección ante cualquier forma, acto o conducta de discriminación por razón de nacimiento o lugar de nacimiento; procedencia, nacionalidad o pertenencia a una minoría nacional; raza, color de piel o etnia; opinión política o de otra índole; religión, convicciones o ideología; lengua; origen cultural, nacional, étnico o social; situación económica o administrativa, clase social o fortuna; sexo, orientación, identidad sexual y de género o expresión de género; ascendencia; edad; fenotipo, sentido de pertenencia a grupo étnico; enfermedad, estado serológico; discapacidad o diversidad funcional, o por cualquier otra condición, circunstancia o manifestación de la condición humana, real o atribuida.

Esperamos que esta ley, tan esperada, sea realmente ese instrumento normativo tan ansiado por todos los colectivos discriminados, pero especialmente por el Pueblo Gitano como colectivo especialmente maltratado, y que sea capaz no solo de evitar estas situaciones mediante la prevención, sino que sea capaz también de aplicar medidas sancionadoras y reparadoras cuando y a quien sea necesario.

Viva el pueblo gitano!

Salud y libertad

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