Hoy, 8 de abril, nos reunimos para celebrar el Día Internacional del Pueblo Gitano, una fecha de reconocimiento y visibilidad del pueblo gitano que cobra cada vez más fuerza en todo el mundo.
Desde que en 1971 se consolidara este día en el primer Congreso Mundial Romanó en Londres, esta jornada se ha convertido en una oportunidad vital para la reflexión y el recuerdo de las víctimas gitanas de la discriminación y de las injusticias, especialmente de aquellas que sufrieron el horror del Holocausto nazi, tantas veces silenciado en el caso de nuestro pueblo.
En este 2026, alzamos nuestra voz con una sensibilidad más especial aun si cabe. No podemos ser ajenos al sufrimiento causado por la injusticia de las guerras que asolan diferentes partes del mundo, que no por ser más cercanas, como la de Ucrania, o lejanas, como la del Golfo Pérsico, dejan de ser execrables. Como pueblo que ha conocido en su propia piel el acoso y la persecución, nos solidarizamos por tanto con todas las víctimas de conflictos actuales.
El 8 de abril es un día de duelo por quienes sufren la violencia racista y sus consecuencias, pero también de esperanza y valentía frente a la intolerancia.
Acabamos de dejar atrás la histórica conmemoración de los 600 años de la presencia del pueblo gitano en la península ibérica. Aquel hito, que recordaba la llegada del pueblo gitano a la península ibérica como peregrinos y cuya primera prueba escrita es el salvoconducto otorgado por Alfonso V en 1425, marcó el inicio de una historia compartida.
Una historia compartida, pero también marcada por la desconfianza, la marginación y la discriminación hacia nuestro pueblo, tantas veces vilipendiado y rechazado.
Porque a pesar de estos seis siglos de historia, el pueblo gitano sigue luchando por ser reconocido y tratado en igualdad de condiciones. Nuestra identidad, simbolizada por la bandera azul y verde con la rueda roja, el himno Gelem, Gelem y nuestra lengua, el romanó, sigue siendo nuestra fuerza para resistir ante las adversidades.
A pesar de todo, y gracias al esfuerzo y el sacrificio, no solo de los gitanos y gitanas de nuestro país, sino de todas las personas e instituciones que han contribuido a la paulatina, aunque lenta, incorporación del pueblo gitano a los beneficios de una plena ciudadanía.
Aunque también es cierto que pese a los enormes avances es mucho aún el camino que nos queda por recorrer. Tras este aniversario, a pesar de todo, podemos reafirmamos en que es imposible imaginar la cultura española sin el componente gitano; nuestra expresión artística, cultural, léxico, gastronomía u oficios son pilares fundamentales de nuestra identidad nacional.
Hacemos en definitiva un llamamiento a las instituciones y a la sociedad civil para que el camino recorrido no sean solo conmemoraciones anuales, sino un punto de inflexión hacia una sociedad más justa e igualitaria, en la que, por fin, podamos ejercer nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos/as de pleno derecho. Nuestros anhelos siguen siendo claros:
• La desaparición de prejuicios, estereotipos y el racismo.
• Un acceso digno y real a la educación, el empleo, la salud y la vivienda como ejes fundamentales para una igualdad efectiva
• El fin de la segregación y la garantía del acceso a los recursos existentes para una plena inclusión social en condiciones de igualdad.
Es momento de actuar para erradicar la exclusión y garantizar que todos los ciudadanos y ciudadanas gitanas puedan disfrutar de las mismas oportunidades.
Este manifiesto es apoyado por el Ayuntamiento de Córdoba y las entidades gitanas de la ciudad: Asoc. Secretariado para el Desarrollo Gitano de Córdoba, Asoc. de mujeres gitanas PANYABI, ROMA TRAQUEJANÓ, Asoc. Mujeres Gitanas UPRE ROMNJA, FAKALI, KAMIRA y la Fundación Secretariado Gitano.
¡Salud y Libertad!
