
Hoy conmemoramos el 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano. Una fecha importante para nuestro pueblo, que recuerda el Primer Congreso Mundial Gitano, celebrado en Londres en 1971 y en el que se oficializaron la bandera y el himno gitano Gelem Gelem, ambas señas de identidad de nuestro pueblo y punto de partida de un proceso de concienciación sobre la necesidad de reconocer y proteger la historia y la cultura del pueblo gitano.
En España fue en 2018, a instancias del Congreso de los Diputados, cuando tuvo lugar el reconocimiento del 8 de abril como Día del Pueblo Gitano.
La bandera gitana está compuesta de dos franjas horizontales, una de color azul, en la parte superior, que representa el cielo que sirvió como techo; y otra de color verde, en la parte inferior, en representación de los verdes prados de los caminos. En el medio de las franjas se incluye la rueda de carro que acompañaba en sus viajes y que simboliza la libertad del pueblo gitano, repartido por todo el mundo.
El Himno internacional gitano (Gelem, Gelem (Anduve Anduve) compuesto por el roma/gitano yugoslavo Jarko Jovanovic a partir de una canción popular gitana de la Europa del Este cuyos versos están inspirados en la persecución de los roma por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Celebramos también hoy la ceremonia del Río, en la que rememoramos el éxodo internacional romaní lanzando pétalos de flores a los ríos, que vertebran los caminos del mundo para llegar a todos sus rincones. Y encendemos velas en señal de respeto de aquéllos que han sido víctimas de odio y ataques racistas y xenófobos .
Es una fecha para hacer más visible la situación de los gitanos y gitanas de todo el mundo y las importantes aportaciones romanís a la cultura universal. Un día para buscar la solidaridad, el apoyo y el respeto del conjunto de la sociedad.
Se acerca el 600º aniversario de los primeros documentos que recogen la llegada personas gitanas a la Península, y a pesar de ello, los gitanos y las gitanas siguen siendo un pueblo esencialmente desconocido. Y en ese desconocimiento anidan los prejuicios, los recelos y, por ende, el rechazo y la discriminación que convierten al pueblo gitano en la minoría más marginada socialmente en toda Europa.
La única forma de luchar contra este desconocimiento es la construcción de espacios y dinámicas que permitan conocer mejor al pueblo gitano. Para ello, los poderes públicos tienen la obligación de generar oportunidades y de reforzar políticas públicas que permitan demoler las barreras existentes y el ejercicio de nuestra ciudadanía en igualdad de condiciones, de una manera real y efectiva.
Y aunque es cierto que en las últimas décadas se han producido avances significativos en derechos y oportunidades, hoy en día siguen existiendo situaciones que requieren la atención de los poderes públicos. Los gitanos y las gitanas continúan aún sobrerrepresentados en la pobreza, con una grave desigualdad educativa que limita sus oportunidades laborales de futuro, y con situaciones de segregación, tanto escolar como residencial o laboral entre otras.
No podemos obviar la mención a la catarata de acontecimientos con tintes racistas que asolan el mundo del deporte y que no dejan de ser un reflejo de nuestra sociedad. Un ámbito tradicionalmente presidido por la solidaridad, el respeto y el compañerismo, se convierte en campo abonado para las más crueles y estúpidas manifestaciones racistas. Tras los múltiples ataques racistas a un conocido jugador de fútbol, hace pocos días un partido de fútbol fue interrumpido por los insultos racistas a un jugador del equipo visitante, y durante otro partido, este de la primera división española, tuvo que ser aplicado el protocolo antirracista ante los insultos a un jugador del equipo visitante. Además, el entrenador del mismo equipo recibió insultos por su condición de gitano.
Más que para celebrar, es un día para recordar, para hacer visible la situación de los gitanos y gitanas, y para exigir a los poderes públicos ser firmes en su compromiso contra la discriminación que sufre nuestra comunidad, para exigir que se propicien espacios de convivencia, alejados de estas manifestaciones y presididos por el respeto al diferente, donde este sea alguien al que conocer, reconocer y con quien vivir y no alguien al que rechazar sistemáticamente.
Ojalá pronto podamos celebrar este día desde el respeto y reconocimiento de la sociedad mayoritaria.
Conmemoremos este 8 de abril con un llamamiento a conocer al pueblo gitano y a reconocer la riqueza de su patrimonio cultural e histórico. Feliz 8 de abril.
PD También queremos hoy recordar a las víctimas inocentes de las dos guerras que ocupan las portadas de los telediarios, en Ucrania y Gaza.